Hasta el último día aguantó senadora

November 21, 2008
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ANDY ZAGASTIZÁBAL

La senadora estatal Dianne Wilkerson parecía la última hoja del otoño. Se mantuvo hasta el final adherida al tronco del senado en el que ya nadie la quería y en el que terminó por caerse por propia decisión.

Hasta la mañana del martes 19, estuvo manejando las noticias; pero ya no pudo más y escribió de mano propia su sentencia de salida de una posición en la que se mantuvo por más de 15 años.

Fue la renuncia más anunciada y más esperada y se leyó a las 9 y 45 de la mañana del martes en las oficina de la presidenta del Senado Therese Murray. El primer comentario que se escuchó fue que la senadora había sucumbido a una presión que se hizo insos-tenible desde su detención tras un operativo del FBI.

La carta de renuncia de Dianne Wilkerson fue de puño y letra indicando que la re-nuncia debería ser efectiva inmediatamente.

Después, Therese Murray hizo un dramático discurso en su cámara, en el que destacó que Wilkerson había tomado la mejor decisión, permitiendo que continuara el buen tra-bajo del senado y que los legisladores se comprometan a mantener la confianza pública.

Fue un discurso largo y con muchas intervenciones que Wilkerson debió escuchar antes de caminar por última vez los pasos que fueron comunes a lo largo de los pasados 16 años.

Las cámaras de televisión y la de los fotógrafos la registraron cerrándose en el as-censor del tercer piso. Eran las 11:50 a.m. cuando se dirigió, por última vez a sus oficinas sin querer hablar con la prensa y sólo se despidió agitando las manos antes de desaparecer rápidamente por una puertas que se cerraron.

Esta esperada decisión de Wilkerson ya figuraba en agenda de los reporteros del palacio legislativo, ya que llegó un día después de la acusación formal de un jurado federal que estableció ocho cargos que están contenidos en un documento de doce pági-nas.

No hay nada nuevo en este resumen de las 32 páginas que presentaron los investigadores del FBI cuando se produjo su arresto el 28 de octubre.

¿Qué hubiera pasado si no renuncia?

Hasta antes del martes prácticamente parecía manejar la situación, anunciando que renunciaría; pero sin ponerle fecha. Llegó la renuncia de Marzilli, por otro caso y se dijo que ya la presión era insostenible y que venía un reporte de la Comisión de Ética, que obligaría una acción punitivo del Senado.

Pero ya todo eso pasará al campo del ucronismo porque producida la renuncia queda sólo esperar la continuación del drama ante cortes federales y una llegada adelantada de la hispana Sonia Chang-Díaz a un cargo que se lo ganó desde las primarias de setiembre.

¿Cómo influirá su renuncia en el juicio que viene para el 8 de diciembre?
Los especialistas en derecho criminal no se ponen de acuerdo y, mientras algunos dicen que la renuncia ayudará a la hora del juicio, otros indican que ella se demoró demasiado y que eso se considerará como un desafío a la hora de su sentencia.

A todo esto hay que agregar su declaratoria de indigencia para solventar los gastos de un abogado. Concretamente la señora Wilkerson pidió al juez federal Timothy S. Hillman que designe al su actual abogado Max D. Stern, a quien se le pagarán sus hono-rarios con dinero de los contribuyentes. No hay que imaginarse mucho por las reacciones que provocó este pedido

Contra lo que sucede en la presidencia de la nación no habrá periodo de transición y Sonia Chang-Díaz tendrá que asumir adelantado el cargo que en materiales y personal era otro motivo para que la señora Wilkerson quisiera postergar su renuncia.